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martes, 18 de septiembre de 2012

Barefoot, El Aprendiz.

 
Ya estamos nuevamente en el tajo del entrenamiento y en el arreglo de los cascos de Ventolera.  Hemos recojido a la yegua de su retiro veraniego, que los ha pasado, junto a otros caballos, en una suelta de olivos, donde ha podido deambular a su antojo, pero con poco terreno duro y pedregoso, que le hubiera servido para un mejor desgaste de los cascos.
El embarque como siempre, perfecto, sin titubear en la rampa del van, !le gusta viajar!.
Los cascos los hemos tenido que repasar en varios días, ya que le hemos tenido que meter las tenazas, porque era demasiado para la escofina. La suela la tenia, más callosa que de costumbre, pero no la hemos tocado, ya que la mejor limpieza la hace el terreno duro.
Hoy ya hemos salido al campo buscando los terrenos más pedregosos, así como barbechos cargados de cantos rodados. 
 Cascos de las manos, las rugosidades que tiene en la mano izquierda, son las secuelas de una herida en la corona del casco de hace unos cinco meses, que se la hizo al meter la mano en una grieta de hormigón en un entrenamiento.

 Palma de la mano derecha.
Palma de la mano izquierda. 
 Cascos de los pies de Ventolera
Nada más salir a la vía pecuaria, nos ha recibido el gracejo correr de un conejo, que tranquilamente se ha refugiado entre los palmitos del camino. Mucho paso por estos terrenos agostados, siempre buscando el barbecho menos trillado y con mayor numero de piedras.
Estando subiendo al trote, por un cerrete preñado de piedras, me he encontrado con mi compañero y amigo Eduardo Gavira, que con su eterno Apis, volvía de su diario paseo por el campo. Pocos son los caballistas que nos encontramos por estos campos, aunque hoy han sido tres los que nos hemos cruzado, dos jinetes montando a la vaquera y mi amigo Eduardo.
Subiendo al cerro del pino grande, en las inmediaciones del Gran Hipódromo de Dos Hermanas, me ha salido un bando de perdigones, de al menos ocho o diez unidades, que dos volaron y todos los demás, siguieron con su rápido paso, en busca de los otros dos, que se posaron pocos metros más abajo.
Ya están las cuadrillas de jornaleros, en el "verdeo", cogiendo las verdes aceitunas, entre manzanilla y gordales, son el oro  verde, pero en su modalidad de mesa. Unos en la recogida oficial ó legal y otros muchos recolectando por su cuenta y riesgo entre los muchos olivos que jalonan el camino.
La vuelta a la cuadra, para el repaso final de los cascos, ha sido perfecta, parece mentira, como limpian la suela del casco, los cantos rodados y el barbecho. Solo he tenido que repasarle el ángulo de 45º, para dejar definitivamente arreglado los cascos de Ventolera.

Las subidas al cerro de cantos rodados y los trotes por caminos dificiles, son el remedio perfecto para la limpieza, y todo sin quejarse un ápice del mal terreno recorrido.
Saludos de Gabriel.

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